viernes, 23 de septiembre de 2016

ANTICITERA


Hace algo más de 2.000 años, una enorme galera romana surcaba los mares al sur del Peloponeso cuando probablemente una tormenta (o algún accidente) provocó su triste hundimiento. Milenios después, un grupo de recolectores de esponjas griego se topó con el pecio aguardando pacientemente. Millones de barcos se han hundido a lo largo de la historia. Pero la galera de la que hablamos transportaba uno de los tesoros más grandes jamás encontrados, tanto por el número de objetos que portaba como por la calidad de sus riquezas. Y entre todos los premios que transportaba, probablemente el más llamativo y misterioso fuera, sin duda, el conocido como mecanismo de Anticitera, la que es, probablemente la primera computadora analógica de la historia conocida. Y con ella, cómo no, viajaban personas. Marineros y pasajeros que no pudieron escapar del funesto final que le aguardaba al barco. ¿Quiénes eran los hombres de Anticitera?


¿Qué es el mecanismo de Anticitera?

El fantástico mecanismo de Anticitera ha llamado la atención de científicos y expertos durante décadas. Desde que fue encontrado, en 1900, el mecanismo ha pasado de la auténtica indiferencia a la mayor fascinación. Cuando el arqueólogo Valerios Stais se dio cuenta por fin de la naturaleza del bloque metálico ante el que se encontraba, las hipótesis y las investigaciones se dispararon. Se ha especulado mucho a lo largo de los años: que si es un anacronismo histórico, que si es un objeto alienígena, que si procede de otra civilización distinta a la humana... pero todos estos disparates no se acercan ni por asomo a la realidad. Tras realizar innumerables estudios y observar el mecanismo bajo el ojo de los rayos X y otros tipos de escáneres, ahora tenemos bastante claro que el mecanismo de Anticitera era un complejo engranaje relacionado con los cálculos astronómicos. Para que nos hagamos una idea, este mecanismo era como una especie de súper computadora pero del tamaño de un ordenador portátil normal. Un objeto científico de incalculable sofisticación y valor, sólo al alcance de los más ricos o las academias más prestigiosas. Probablemente sólo existían dos o tres en todo el mundo, como mucho.


Por el momento, este mecanismo es la computadora analógica más antigua de la que tenemos constancia. El mecanismo de Anticitera consta de una treintena de engranajes, al menos, varias inscripciones y, por lo menos, una palanca con la que interactuar (ahora perdida). Se disponía en una caja de madera con dos tapas. La delantera constaba de las manecillas y esferas que indicaban las posiciones astronómicas. La trasera poseía ciertas instrucciones básicas de posición y funcionamiento escritas en koiné, el dialecto común, procedente del griego, por aquél entonces. Según las inscripciones descifradas, probablemente el objeto era empleado por los científicos y hombres doctos de la época, ya que su funcionamiento resulta complejo. Como decíamos, el mecanismo servía para calcular y computar. ¿El qué? Eso es más difícil de saber a ciencia cierta. Pero está claro que tenía que ver con la disposición de los astros, datos astronómicos y el calendario de la época.


Desenterrando el ADN

El mecanismo de Anticitera es ante todo increíble por diversas razones. La principal, por supuesto, es su complejidad. El mecanismo resulta tan sofisticado que no se encuentra nada similar hasta 1200 años después, con la aparición de los relojes en Al-Andalus. Y por entonces tampoco se conseguía tal complejidad. Además, el mecanismo de Anticitera es extremadamente compacto, algo soberbio para semejante mecanismo. Sin embargo, varios escritos nos hacen pensar que existían algunos pocos mecanismos semejantes, aunque nunca hemos dado con ellos. Pero entonces, ¿de dónde surge este aparato?


Junto a la galera se encontraron restos humanos de los tripulantes. Sin embargo, no ha sido hasta hace muy poco que hemos vuelto a encontrar huesos. El último esqueleto encontrado es especial por varias razones. La primera de ellas es que hace ya casi un siglo que no se encontraban nuevos restos. La segunda y más importante es que implica la posibilidad de extraer su ADN y descubrir más sobre los tripulantes que viajaban a bordo de la galera. ¿Qué información podremos obtener? En primer lugar, rasgos de etnias y procedencia del tripulante. Con las características genéticas se puede trazar un mapa que sitúe a esta persona en un lugar y en un tiempo adecuados. Así podremos encajar mejor la naturaleza de la expedición que naufragó.


También podremos apuntar con más seguridad hacia el origen del barco. Aunque lo que pasó en realidad se ha perdido probablemente para siempre, con estos datos podemos reconstruir algo de su historia. Así, como si de un puzle se tratase, las piezas van encajando poco a poco en una historia compleja y fascinante. Si el Gobierno griego da permiso, la extracción del ADN podría intentarse en los meses venideros. Los resultados estarían listos para principios de año y el estudio poco después. Mientras tanto, sólo podemos seguir especulando sobre el origen y la intención del misterioso mecanismo de Anticitera.


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